La talentosa joven boliviana Luciel Izumi cautiva con las melodías de su charango

La boliviana tocó en el festival de Viña del Mar en Chile y está trabajando para este año en el proyecto de música y narraciones andinas, los conciertos serán en la ciudad de La Paz y Cochabamba.

IPor: Claudia Eid Asbún. Los Tiempos

Foto. Facebook: Luciel Izumi

Luciel Izumi es una de las charanguistas más importantes del país. Su talento la ha llevado a tener u a intensa actividad y trabajar también en el exterior. Hace poco participó en el Festival Viña del Mar en Chile junto a LuisFer. Tiene apenas 25 años, pero sus ideas son muy claras. Nació en La Paz y vive en Cochabamba, donde se dedica a la música aunque estudió ingeniería comercial. Es sesionista, tiene su banda solista y da talleres de charango. En esta entrevista con Lecturas & Arte habla sobre su carrera y de lo difícil que puede ser tocar charango siendo mujer.

¿Cómo comenzó con el charango?

Gracias al maestro Williams Centellas. Me enamoré del charango cuando lo vi tocar en el teatro Achá, yo era muy niña aún, me encantó el sonido del charango y la puesta en escena del maestro Centellas, la combinación de ritmos me fascinó. Me motivó a aprender el charango, mi hermano me compró uno y me pagó las clases, mi mamá no quería que yo toque y mi papá no se enteró (risas).

Ha estado en varios eventos internacionales, ¿cómo fue la experiencia en Viña del Mar? ¿Cree que el festival aporta algo a los artistas bolivianos?

Todos las experiencias aportan lo que puedas aprender de ellas. Tuve la fortuna de pisar varios escenarios fuera de mi país representando mi tricolor, muchos de estos eventos me han enseñado y marcado mucho tanto en producción como espiritualmente.

Viña fue y será una de mis experiencias favoritas, las personas chilenas se portaron demasiado gentiles con nosotros, nos quisieron mucho y nosotros a ellos, viajar acompañando a LuisFer fue demasiado genial, lo admiro bastante y me encanta su música, así que estoy agradecida de que me tome en cuenta en su banda.

Además, ya van muchos años que una mujer instrumentista boliviana no va a Viña, así que me sentí con más responsabilidad.

Viña nos deja saber que a Bolivia le falta unidad y creer más en nuestros artistas. Las cosas se mueven diferente fuera de nuestro país, la gente apuesta todo por sus artistas, son empresas grandes que confían en el talento, cosa que en Bolivia falta, no tenemos apoyo ni moral ni de producción, todo es una labor 100% autogestionada. Estamos muy cerrados y nos ponemos barreras solos sin dejarnos avanzar, tenemos que evolucionar en ello como sociedad y aprender a darle valor al arte.

¿Ha sido muy difícil ser mujer charanguista?, ¿le han dicho que es k’encha?

Sí, ha sido y sigue siendo muy difícil, que traemos mala suerte dicen, yo pienso lo contrario, que con una linda melodía todo sale mejor.

Antes cuando era niña habían pocas mujeres charanguistas, ñustas muchas, pero netamente instrumentistas casi nadie.

Cuando empecé montando los shows y conciertos decidí hacerlo con una estética diferente, yo parada (que no era costumbre en ese tiempo) con mi vestido corto en “A”, tacos y mucho espíritu, para entonces era algo fuera de lo común. Fui muy criticada por eso en el medio de los charanguistas y folkloristas, luego ya se puso de moda, un montón de chicas empezaron a usar la misma estética. Me pareció algo interesante, abrir una brecha a otras colegas que tal vez antes no se animaban, de hecho yo me inspiré en la estética de Cyrille Aimee (mi cantante de jazz favorita).

¿Hay machismo en el mundo de la música?

Lastimosamente, el machismo está en todo, muchas veces me dijeron que debería de cantar, así sería un mejor espectáculo, porque “una mujer es más linda cuando canta”. Creo que mi charango es quien les canta y cuenta historias. Otra cosa que me decían: “Es que a las mujercitas les hace falta fuerza cuando tocan, siempre tocan delicado, suavito, eso no emociona”. Creo que eso es lo más fuerte que me han dicho o que me ha afectado en el mundo folklórico machista, después de todo eso y muchas otras cosas más decidí alejarme del mundo folklórico, más no del folklore, porque eso lo llevo en mi sangre y en mi piel.

Pero tiene que cambiar, y eso depende de nosotras y demostrar que se equivocan.ç Estoy practicando para k’alampear igual de fuerte que un hombre, cantaré pero mis canciones tendrán un fuerte mensaje de cambio, más que sólo para un espectáculo “más bonito”.


Depende de nosotras cambiar este mundo que dejamos a las niñas y futuras generaciones, hagamos historia con la música hoy y ahora, nos lo debemos.

¿Cómo comenzó a experimentar con ritmos?

En colegio me encantaba el rock, el metal y folklore, sacaba algunas canciones de Kiss en charango, me creía cool entre mis amigos (yo tenía 13-14 años) (risas). Era el inicio de lo que ahora es mi vida completa, mi profe me hacía sacar música clásica e internacional para tocar con la orquesta, The Beatles, The Carpenters, ABBA y obras clásicas, también él me ayudó mucho a eso.

Más adelante conocí el jazz, escuchando a unos amigos, eso fue magia para mí. Me encantó y jamás le vi impedimento al charango, siento que juntos nada es imposible, pero tiene un proceso.

Bandas de rock, reggae, funk, jazz, pop, cumbia me invitaron a colaborar con ellos, así que pude aprender mucho más.

Actualmente, me encanta la fusión del charango con todo, tengo muchas composiciones en ritmos internacionales.

Nuestra generación está teniendo fuertes cambios, amo la música que se crea ahora. Los jóvenes le estamos metiendo pasión e identidad a nuestra música, un folklore diferente, con mezclas únicas y propias de esta era.

Y a eso vinimos, a marcar una época para que futuras generaciones también toquen nuestra música.

¿Cómo está su agenda para este año?

Se vienen más conciertos y viajes, lo más probable es que nos vayamos a Colombia a medio año, pero sin duda daremos conciertos en La Paz y Cochabamba con un proyecto de música y narraciones andinas. Ya les estaré chismeando más sobre eso que está en proceso y quedará hermoso.

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